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Lo que nadie cuenta de Transmilenio

Transmilenio es un sistema de transporte masivo de Bogotá, sobre el cual se habla comúnmente mal todos los días. Que subió el pasaje, que es muy caro, que la gente espicha, que los hombres manosean, que atracan en las noches y a plena luz del día, que no dejan de subirse los que piden plata, venden algo o hacen un show. También están las protestas, a veces justas a veces no. Las personas desesperadas porque por casi cualquier situación anómala el sistema colapsa. Todo eso es cierto, pero hay algo que pasa todos los días y que no destacamos y es que ni un solo día en el que yo haya viajado en Transmilenio he dejado de ver actos de amabilidad. Todos los días alguien tiene un gesto amable en Transmilenio, siempre hay alguien que te sonríe, alguien que te ve en dificultades y te ayuda a cargar la maleta, alguien que te cede el puesto. Siempre hay alguien que ve que la puerta no te abre y te ayuda a abrirla, que te ayuda a no caer cuando hay algún frenazo inesperado. He visto...

¿Y dónde quedó el ácido?

Cortesía mobile-cuisine.com/ La vida está llena de sabores, de sensaciones que nos alimentan a través de los sentidos internos y externos. Ir hacia la felicidad, convivir sanamente y tener paz espiritual son algunas de las mejores cosas que nos pueden suceder en la vida, pero... siempre falta algo. He pasado por situaciones amargas , se llaman así porque cuando las vives sientes cierto amargor en la boca y no te dan ganas de tomar café, ni té. He vivido experiencias saladas , relacionadas con la comida del almuerzo, con los hombres, los viajes y los miedos. He conocido gente maravillosa y dulce , solo con ellos te dan ganas de tomar café y no necesitas un postre después del almuerzo. Compras muchos dulces para alimentar su dulzura y esa dulzura te hace feliz. Esos sabores de vida alimentan la fuerza que se necesita para alcanzar la felicidad, la sana convivencia y la paz espiritual, pero... ¿dónde queda el ácido? El ácido te llena de saliva, te hace digerir mejor los a...

Ser + Hacer + Adaptar = transformación

Si hay algo difícil en la vida es ser, ser humana, mujer, hija, hermana, amiga, estudiante, trabajadora, profesional... Ser sensible, introvertida, antipática, analítica, feliz y de mal genio. Somos y no somos al mismo tiempo, podemos ser blancos y negros a la vez, lentos y ágiles. Los seres humanos somos el oximorón de la existencia. La parte más sencilla viene a ser el hacer. A todos se nos traza una línea sobre lo que se puede, se debe hacer en un sistema político, económico y cultural determinado. El hacer se aprende haciendo, mientras que el ser es y nunca se aprende. Ahora viene lo que nos hace "superiores" la capacidad de adaptación, de acomodarnos a las circunstancias, a las personas, a los sistemas y esto pone en jaque lo que se debe hacer, lo que se es y todo puede cambiar, porque necesitamos aprender para sobrevivir. Transformamos el ser variable de por sí, el hacer pero no sabremos nunca si la adaptación nos ha hecho mejores seres o mejores haceres.

50 maneras de cultivar la amabilidad en el mundo

En este blog no suelo publicar textos que no son de mi autoría, esta vez haré una excepción. Esta lista que les presentaré a continuación la hicieron niños y niñas de grado tercero en un colegio estadounidense en el que quisieron celebrar el día de la paz. Aquí les traduzco la lista que publicó el Huffington post . 1. Sonreír a un extraño. 2. Decirle gracias al conductor del bus. 3. Ayudar a alguien a cargar el mercado pesado. 4. Mantener la puerta abierta para que otra persona pase. 5. Dejar una nota amable para esa persona con la que generalmente no te la llevas bien. 6. Dar a mamá un abrazo y decirle lo mucho que la quieres y aprecias. 7. Cantarle una canción a tu profesor! 8. Dejar que alguien seleccione el juego y lo juegue incluso si a ti no te gusta. 9. Dejar qu otra persona tome un puesto en el bus. 10. Decir hola a los vigilantes y agradecerles por mantenernos a salvo. 11. Dejar notas de felicidad en las puertas de apartamento de tus vecinos.  12. Dejar una...

Estuve en #CacerolazoNacional

Fotografía: Andrea Mejía Así como los niños arman una orquesta con cualquier objeto sonoro, nosotros fuimos por las calles caminando y chocando objetos de todo tipo: ollas, sartenes, olletas, cubiertos, recipientes de almuerzo, algunos eran viejos, otros recién comprados. Cada quien a su ritmo dejaba que el ruido hablara del descontento, de nuestro país caótico, indignado e insólito de indiscutible origen campesino. Nunca había visto tantas personas con ruanas campesinas en la ciudad. Había jóvenes, adultos, viejos, niños, modelos, punketos, LGBTI, comunistas, emputados, ciclistas, artistas, estudiantes de universidades de Bogotá y de la UPTC. Todos hijos, nietos o bisnietos de campesinos. Éramos muchos caminando, corriendo y tocando sin compasión nuestros instrumentos, a veces con ritmo común a veces con ritmo individual. Tocamos las canciones de nuestra indignación actual y de la alegría de un país mejor, bailábamos al ritmo de cada quien. Nunca había visto tanta solidari...

¿Qué voy a hacer con mi vida?

Todos nos hemos hecho esa pregunta. Desde pequeños la cultura nos ha dado pistas y respuestas que consideramos ciertas, hasta que nos enfrentamos a la realidad del mercado, la competencia justa y desleal y cuando vamos forjando nuestra forma cultura y punto de vista. Resulta que uno ya no estudia para "ser alguien en la vida", sino porque hace parte de los pre requisitos existentes en la vida cotidiana. Ser profesional no es gran cosa, a nadie le importa qué sacrificios tuviste que hacer para sacar adelante tu carrera o si tuviste un reconocimiento honorífico. Ni siquiera les importa que hayas sido un vago que compró trabajos y exámenes. (A propósito la venta de trabajos, maquetas, exámenes y demás es un negocio en expansión). Cae la mentira de la importancia de la educación formal, ser profesional solo es un requisito, sin embargo quien es profesional va en busca de una especialización o una maestría para mejorar sus conocimientos y su nivel de ingreso. Mientras estuve...

Ignorante

He resuelto por declararme ignorante, estaba tan segura de mis conocimientos, que me negaba a aprender cosas nuevas y cuando me di cuenta de que lo que sabía era cada vez más insuficiente me sentí frustrada y tomé la decisión de declararme ignorante. Descubrí que ignorante no es sólo un insulto que me encanta utilizar, sino que es una verdad y una decisión. Todos ignoramos algo en nuestras vidas, incluso el hecho de que ignoramos algo, pero hay opciones: empecinarnos en no saber y en marcar nuestra opinión, saber en un lugar seguro para no enfrentarnos a las desilusiones o decidirnos a aceptar que la ignorancia hace parte de nosotros y que con ella se puede alimentar nuestro interés por aprender. Desde que me declaré ignorante no he parado de aprender, le pregunto al matemático, al vendedor ambulante, al político, al niño, al perro, al mundo y todos me han contestado a su manera. Un día me sentí decididamente ignorante, cuando saludé a una niña y también a su perrita. La niñ...