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Lo que nadie cuenta de Transmilenio


Transmilenio es un sistema de transporte masivo de Bogotá, sobre el cual se habla comúnmente mal todos los días.

Que subió el pasaje, que es muy caro, que la gente espicha, que los hombres manosean, que atracan en las noches y a plena luz del día, que no dejan de subirse los que piden plata, venden algo o hacen un show.

También están las protestas, a veces justas a veces no. Las personas desesperadas porque por casi cualquier situación anómala el sistema colapsa.

Todo eso es cierto, pero hay algo que pasa todos los días y que no destacamos y es que ni un solo día en el que yo haya viajado en Transmilenio he dejado de ver actos de amabilidad.

Todos los días alguien tiene un gesto amable en Transmilenio, siempre hay alguien que te sonríe, alguien que te ve en dificultades y te ayuda a cargar la maleta, alguien que te cede el puesto.

Siempre hay alguien que ve que la puerta no te abre y te ayuda a abrirla, que te ayuda a no caer cuando hay algún frenazo inesperado.

He visto un sinnúmero de acciones de personas que buscan ayudar y proteger a mujeres embarazadas, a bebés y a niños pequeños y que tratan a algunos adultos mayores como si fueran sus familiares con profundo respeto y aprecio.

Una vez en un bus no funcionaba el ventilador, a mí me empezó a faltar el aire, casi no podía respirar, le pedí ayuda a una señora, ella me daba consejos, mientras un señor me cedía el puesto. Ambos me ayudaron a recuperarme y a abrirme campo para bajar.

Me gusta estar ahí sola y desprevenida en el bus para quedar atrapada en algún relato de amigos o familiares que da cuenta de la bondad de las personas que tengo cerca. No siempre los relatos son así, pero sí he escuchado varios y a veces resulto metida, interviniendo en ellos y las personas me lo permiten.

El problema no es el Transmilenio, no es la ciudad, es la actitud que decidimos tomar frente a lo que vivimos. Si fortalecemos y hacemos más énfasis en esos actos de bondad que a veces llegan por oleadas en estaciones y buses, haremos más fácil y agradable el recorrido y las acciones negativas se verán enfrentadas a toda una ciudadanía dispuesta a la solidaridad más que a la agresión y a la indiferencia.

Puede sonar un poco ingenuo, pero no me importa, prefiero soñar con una ciudad mejor a sufrir la que hay como si fuera una pesadilla.

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