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¿Por qué no cambiamos las peticiones por propuestas?


Durante años, he visto a personas adultas y creyentes pidiéndole a un dios que los provea de algo, si no es a ellos mismos entonces a un tercero. A veces, no actúan sino que le piden a su dios que cree toda una serie de condiciones favorables llenas de magia para que las cosas en el mundo se den a su favor.

Cuando veía el noticiero en época de lluvias, aparecían las personas que habían contruido sus viviendas al lado de un río y con una creciente lo habían perdido todo. Estas personas decían "en este momento pedimos al gobierno nacional que nos mande ayuda, lo hemos perdido todo".

En varias ocasiones he salido a comprar algo a la tienda de barrio y me encuentro con algunos personajes que le dicen al vendedor "me hace el favor y me regala..."

Cuando fui estudiante, siempre fue más fácil unir a la gente para criticar y pedir, que para proponer, ahora que trabajo, es más difícil trabajar realmente en equipo y pensar en alianzas y trabajo colaborativo, porque siempre una parte espera que la otra haga más.

Pues bien, estoy cansada de que la gente le deje tantas cosas a su dios, que sea tan terca y ciega como para no darse cuenta de que se está causando sus propios males y de que no se responsabilice de sus actos. Si va a pagar, no mendigue. Si vamos a construir un futuro, hagámoslo en conjunto y demos siempre lo mejor de nosotros mismos.

Desde la adolescencia he sido muy crítica con respecto al contexto en el que vivo y muy criticona en cuanto a las acciones de otras personas se refiere, nunca algo me parecía bueno,justo, lo suficientemente pequeño o grande, alto, bonito, cómodo, interesante, espectacular...

Como resultado, desde esa época siempre he vivido con una sombra de amargura. Hace poco sufrí un "episodio sombrío", tenía trabajo, salud, a mi familia, no pasaba necesidades, tenía amigos (aunque no llaman muy seguido), en fin, tenía muchas cosas para ser feliz, menos las ganas.

Me enfoqué en lo que me faltaba, en ese computador bien equipado que no podía comprar, en ese viaje que no pude realizar, en esa jefe chévere que ya no tengo, en el hombre que no podía amar, en que era tan consentida y dependiente que ni siquera me preparaba mi propio desayuno, en que no tenía una buena relación con mi jefe, en que el país era una mier... la política era algo tan triste, que prefería no pensar en ella, me enfoqué también en que no me veía tan bonita como siempre, en fin...

Llegaba a mi casa y me quejaba, hablaba con mis amigos y me quejaba, luego noté que todos empezaron a mirarme con cierta lástima, entonces decidí dejar de quejarme tanto por lo que no tenía, por lo que me estaba pasando. Decidí convertir cada queja en una oportunidad de aprendizaje y en algo bueno para mí.

Ha sido un proceso difícil pero provechoso, es increíble lo necesitados que estamos de propuestas, de darlo todo para lograr algo importante para nosotros mismos y en favor de muchos otros.

Parte del aprendizaje obtenido en este proceso, es que tenemos que ver cómo queremos estar y empatarlo con cómo podemos estar. No dejarnos llevar por lo que no depende de nosotros y nos hace daño y cambiar las cosas hacia la búsqueda de lo hermoso de la vida que se nos brinda día a día y de su disfrute.

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