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Navidad

Soy atea, pero reconozco el valor de la navidad y de las fiestas decembrinas. En el mundo en el que vivo, enmarcado económicamente por el capitalismo, políticamente por la corrupción, religiosamente por el cristianismo católico, éticamente por la doble moral y organizacionalmente por el caos, es tremendamente necesaria la existencia de diciembre con su alegría en el que se celebran dos fiestas importantes navidad y año nuevo, las dos en un solo mes.

Todo el año nos la pasamos trabajando para nosotros mismos (los solteros sin hijos), solemos pensar en nuestras metas, necesidades y deseos, tendemos a lo individual, a los grupitos chéveres (y cerrados). Ser invitados a la casa de alguien es algo poco común, en las calles se ven caras largas y no nos importa.

Llega diciembre y nos empieza a gustar la idea de compartir, de estar en comunidad ya sea con la familia, los vecinos, los amigos, no se le hace el feo al amigo del primo del vecino amigo del tio, queremos recibir visitas, nos gusta visitar a otros. Tenemos unas increíbles ganas de dar, trabajamos para dar regalos, nos preocupa que haya gente triste, pobre, sola, enferma. Se disparan las donaciones, las acciones de solidaridad y de caridad. Nos acordamos de los abuelos y los veneramos, les damos a los niños un espacio especial, son ellos los que leen la novena, cantan los villancicos, llen las tarjetas d elos regalos y ponen los muñequitos descontextualizados que se encuentran en el pesebre y el árbol navideño.

Como nuestros símbolos navideños resultan ser más religiosos que comerciales, somos tremendamente permeables a la oferta simbólica gringa, es posible entrar a casas disfrazadas de navidad desde la entrada hasta el armario más oculto, ver personas vestidas con gorros, sacos y ropa (de invierno) de colores verde y rojo y con un muñeco de nieve pintado (eso hace unos años era muy mal visto por su ridicules, ahora hace parte de la moda). A algunos hombres gordos con barba que dicen jo jo ya no se les llama papá noel, sino "santa", él desbancó a "nuestro" niño Dios, obviamente ya no se trata de los regalos espirituales sino de la plata y le gana al niño desnudo un señor bonachón vestido de terciopelo.

Lo anterior lo único que recuerda es la existencia de la globalización, del consumo y lo ridícula que puede ser la gente cuando busca desesperadamente ser poseída por el espíritu simbólico de la navidad.

Generalmente el nacimiento del "niño" se celebra en familia, es el momento en que la familia se reúne sin peleas, sin quejas. Dedicamos tiempo a estar con los nuestros, si suena el celular es para felicitaciones extensivas a los que nos acompañan, es un momento que tomamos para reconocernos y querernos. Cuando no podemos dar regalos nos sentimos mal, cuando además de eso recibimos regalos, nos sentimos peor.

Por mi parte no leo las novenas, no canto villancicos, no ayudo con el pesebre, ni con el árbol, tampoco cocino, ni sirvo la cena, pero me encargo de hacer que esta fecha una más a mi familia en torno a la alegría y la identidad (familiar), eso me genera felicidad y la felicidad no pelea con las creencias religiosas que la alimentan, más bien las enviste de todo aquello emocional y espiritual por lo que el ser humano les dio su origen.

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