Afuera el neón, la bombilla, el poste de luz. Adentro la vela, la oscuridad, las sombras. Objetos alguna vez deseados y comprados, dispuestos completamente inútiles sobre sus muebles. Nada de llamadas locales ilimitadas, internet, cable, ni llamadas nacionales con descuentos. Incomunicada tecnológicamente, con el mercado del día para que no se dañe más comida, sin poder lavar la tonelada de ropa, planchar, ver televisión, chatear o imprimir, con las linternas dañadas, las velas que se consumen rápidamente y la plata que no alcanza. Al llegar a la casa sólo se conversa en tono más bajo que de costumbre, se come, se lava la loza y pronto llega la hora de dormir. Entramos en 100 años antes del presente, hay un tiempo más lento en la casa, pensamos "cuando haya luz, adelantaremos el trabajo doméstico, los trabajos independientes y los pedido de los clientes de mamá". En medio de esta situación se reencuentra la familia, la voz adquiere mayor importancia y la perra (sus ladridos) ...
There's no time to forget the future.