Fotografía: Andrea Mejía Así como los niños arman una orquesta con cualquier objeto sonoro, nosotros fuimos por las calles caminando y chocando objetos de todo tipo: ollas, sartenes, olletas, cubiertos, recipientes de almuerzo, algunos eran viejos, otros recién comprados. Cada quien a su ritmo dejaba que el ruido hablara del descontento, de nuestro país caótico, indignado e insólito de indiscutible origen campesino. Nunca había visto tantas personas con ruanas campesinas en la ciudad. Había jóvenes, adultos, viejos, niños, modelos, punketos, LGBTI, comunistas, emputados, ciclistas, artistas, estudiantes de universidades de Bogotá y de la UPTC. Todos hijos, nietos o bisnietos de campesinos. Éramos muchos caminando, corriendo y tocando sin compasión nuestros instrumentos, a veces con ritmo común a veces con ritmo individual. Tocamos las canciones de nuestra indignación actual y de la alegría de un país mejor, bailábamos al ritmo de cada quien. Nunca había visto tanta solidari...
There's no time to forget the future.